Escultura Mercedaria

ESCULTURA  MERCEDARIA

En  la época colonial, la escultura se dividía para su realización en tres etapas, cada una realizada por diferentes maestros, siendo estas:

  • Tallado
  • Estofado
  • Encarnado.

 

Debido a esto es común hallar contratos en donde  se estipula que una obra sería entregada “en blanco”, para luego ser estofada por otro artista, e inclusive encarnada por otro. Haciendo de esta manera, pocas ocasiones en las que el escultor trabajaba de principio a fin una escultura.

 

“El trabajo del encarnador” se pagaba más caro que el del maestro escultor”, dice Luján Muñoz:   “En documentos de encargo de imágenes se estipula a veces el precio de la talla y del encarnado. Por este último se pagaba casi el doble que por el primero”. Y era tal la fama del encarnado guatemalteco que se ha documentado casos, donde  se importaba la figura tallada de la Nueva España para aplicarle el estofe y el encarnado en Guatemala. Lo lamentable de todo esto es el hecho de que, la mayor parte de las veces estos contratos se hacían de palabra y por tanto no constan documentalmente, lo que hace prevalecer lamentablemente el anonimato de esculturas.

 

 

1. TÉCNICAS DEL TALLADO

Cuando el imaginero (así solía  Ilamarse al artista que ejecutaba las  imágenes sagradas) terminaba la talla, esta pasaba al taller del  pintor para que realizara el trabajo de policromía y estofado. La escultura en blanco es sin duda una de las artes más conocidas del periodo hispánico, llegando a tener como materia prima: Alabastro, Cuero, Collage, Estucado, Marfil, Madera, Tusa de Maíz, Cola y Terracota. Entre estos el de la madera fue el recurso con el cual se logró crear obras de talla completa que luego fueron estofadas y pintadas, denominándoles Tallas,  y luego la otra diferencia  que eran las imágenes de vestir en sus dos subtipos: Goznes y bastidor (solo tallado el rostro, manos y pies; para vestirlas).

 

En los dos casos –tallas e imágenes de bastidor-, la cabeza fue trabajada por aparte, ensamblada en el cuerpo a la altura de los hombros y luego encarnada. A principio los ojos fueron únicamente pintados pero luego fueron de vidrio soplado. Para situarlos era necesario cortar la parte del rostro de la cabeza dejando una especie de mascara de donde deriva su nombre de Mascarilla, en donde las cuencas de esta eran colocados logrando así dar mayor realismo y dinamismo.

2. TÉCNICAS DEL ESTOFADO:

 El estofado es una técnica de la imaginería  en madera policromada que tiene sus orígenes en el arte gótico. Fue adoptado por el arte barroco español y por esa vía se traspasó al arte colonial americano.

El origen del nombre se cree que se encuentra en la palabra italiana “stoffa”, cuyo significado es tela rica.  En otras palabras consiste en imitar las telas bordadas, dando una gran riqueza en la policromía que se pone sobre el dorado, para semejar brocados, sedas, bordados, etc., ricamente trabajados para dar todo el realismo de estos textiles, de manera que los elementos vegetales, como rameados, hojas y flores, resaltan maravillosamente sobre el rojo, azul, verde, blanco y negro, que a su vez está superpuesto al dorado que puede ir esgrafiado o resaltado a base de puntos, líneas y otros elementos y formas. 

El material principal es el Pan de Oro (también pan de plata o de cobre), unas láminas que imprimen esta tonalidad sobre las superficies en las que se desea aplicar. Luego con diferentes pigmentos se cubren esas láminas y finalmente mediante el raspado de estas últimas capas se hacen dibujos, de manera tal que quede descubierto el oro subyacente.

 

La técnica dictaba primero preparar una mezcla de cola y yeso que se aplicaba en toda la superficie para cubrir cualquier desperfecto de la madera, como poros y astillas. El siguiente paso consistía en la aplicación del bol (tierra rojiza y fina, bien molida, a la que se agregaba el aglutinante) que servía para facilitar la adhesión y pulimento del oro, metal que se utilizaba en forma de hojas cuadradas sumamente delgadas y resistentes –Pan de oro-. Cabe aquí hacer un paréntesis para recordar que estas “hojas de oro” eran preparadas por el gremio de los batihojas que, como su nombre lo indica, golpeaban o batían moneda o fracciones del metal, de tal manera que, a golpes, lo convertían en polvo, y con él formaban las hojas que servían para dorar los retablos y estofar las esculturas.

Con mucho cuidado se colocaban, una por una, las hojas doradas sobre la  superficie de la madera que semejaba la vestimenta; luego se bruñía el oro con piedra de ágata para darle el brillo deseado. Posteriormente, se pintaban sobre el oro, con diferentes colores, los motivos decorativos, generalmente flores y hojas. Los colores se mezclaban en temple de yema o clara de huevo, aunque también se usaron aceites. Una vez seca esta pintura, se procedía al esgrafiado. Se utilizaban para ello punzones de diversas formas que, al raer la pintura haciendo puntos, círculos, rayas, etcétera, descubrían el oro que estaba al fondo, en Guatemala también se usaba pan de plata para el estofado y además se utilizó la aplicación de telas para las orlas para darles mayor realismo. Todo este proceso hizo que se valorara más el trabajo del encarnador, dorador o pintor que el del escultor.

3. TÉCNICA DEL ENCARNADO

El encarnador era el que se encargaba de colorear el rostro, manos y pies –algunas veces el cuerpo- y las heridas, también de colocar ojos y pestañas. Al principio se utilizaron tintes traídos de Europa, pero como resultaban tan caros, se empezaron a elaborar colorantes artesanales con técnicas tan buenas que muchas imágenes aún tienen el color original. Si se deseaban estas superficies brillantes, se pulían con guantes de vejigas de animales –terneras o vacas-; en la Nueva España se prefirió la encarnación mate, y en cuanto a los colores, hubo más gusto por los colores rosados que por los tostados o pálidos.

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