Reproducciones Pictóricas

 

En Guatemala, surge una dinámica social, que va de la colonia hasta la actualidad, surgen pinturas de los Nazarenos, particularmente del Mercedario, convirtiéndose primero en un mensaje casi divino, por lo que todas las personas, y las iglesias mismas deseaban conservar un retrato pintado de aquella efigie que se convirtió en un emblema religioso y cultural, con el cual se identificaron todas las etnias.

 

Estos retratos asumieron una función similar al de una fotografía. Captaron el instante en que el Nazareno fue velado en el interior del templo hacia finales del siglo XVIII o inicios del XIX. Quizás no existen otros más antiguos, ya que la práctica del retrato de imágenes es una tendencia de la época referida, porque a ese mismo período corresponden otras reproducciones pintadas de imágenes talladas de gran devoción en Guatemala, como sucede con la Virgen del Rosario, Nuestra Señora de la Merced, el Cristo de Esquipulas, Nuestra Señora del Socorro y la Virgen del Carmen.

 

Existen variados ejemplos pictóricos que reproducen estos modelos tallados, algunos incluso en áreas más lejanas de la ciudad de Santiago, que hoy corresponden a otras regiones mesoamericanas, como Chiapas, y Honduras. Todos los retratos presentan a la imagen central revestida de trajes casi en su totalidad dorados, demostrando el influjo de la pintura cuzqueña en el medio, lo cual despertó un interés muy particular en la región estudiada.

 

Este tipo de pintura es muy típica en esta etapa en Guatemala, posee influjo de la Nueva España y  Perú. Con ella se expande la devoción a determinadas imágenes, o bien reafirma cada una de estas veneraciones al nivel familiar en distintos hogares, a la manera de entronizar éstas en cada una de las casas, como se observa actualmente utilizando fotografías de las tallas de gran veneración.

 

Los lienzos con Jesús Nazareno de la Merced son muy variados. Van desde los domésticos de 20 a 30 centímetros de alto hasta los de más de un metro. Corresponden a un mismo lapso, (Fines siglo XVIII – inicios XIX) factibles de fechar por sus detalles dorados, la composición de la alfombra de flores sobre la mesa en que aparece colocada la escultura de Jesús, que siempre es tricolor: azules, rojas y blancas, en una composición un tanto popular, pero basada en el influjo de la escuela de Flandes, muy evidente en la pintura Guatemalteca a partir de la mitad del siglo XVIII. Las flores son rosas, azulinas y claveles. Se les puede agrupar por el uso de las túnicas, ya que en la mayor parte se le representa con una de fondo corinto y detalles de hojas doradas, representando el brocado de una de las túnicas antiguas que posee la talla de Jesús. Otro de los bloques corresponde a un traje morado lila con flores diminutas, mientras que en otras dos, la de Mixco y Suyapa, Honduras la imagen está representada con una cruz leñosa y vestimenta lisa color marrón.

 

Los dos grupos restantes, uno se integra por el tamaño y calidad de las obras, ambas de más de un metro cincuenta centímetros de alto, con túnicas que simulan brocados con grandes rocallas y finalmente dos pinturas más, una conservada en la ciudad de Guatemala y otra en Chiapas que muestran la talla de Jesús revestido con trajes con cierta similitud con fondos obscuros y hojas resaltadas con dorados y flores.

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